Diseñados para crear valor

El ADN del ser humano tiene entre sus instrucciones la irreductible responsabilidad de crear valor, aun en las peores condiciones.

El reciente descubrimiento de los restos arqueológicos de un ser cuya edad data de hace más de 2 millones de años, demuestra que aún en nuestra etapa más prehistórica como género Homo, estábamos diseñados para trascender.

La importancia del reciente hallazgo del Homo Naledi radica en que podría probar las teorías de que los homínidos tenían tradiciones que luego el hombre heredó. Los científicos ya lo han llamado el nuevo ‘hermano’ del ser humano actual.

El equipo cree que la cámara, localizada en una cueva 30 metros bajo tierra en Sudáfrica era un cementerio y que Homo Naledi podría haber usado fuego para iluminar su camino.

“No hay daño de depredadores, no hay señal de una catástrofe. Tuvimos que llegar a la inevitable conclusión de que Homo Naledi, una especie no humana de homínido, deliberadamente colocaba a sus muertos en esa cámara oscura” plantean los científicos.

Pues sí, ya nuestros antepasados más primitivos contaban con el ADN del innovador para encontrar formas de sobrevivir, crear cultura y tradiciones para constituir una sociedad diferente, como seres separados de los otros animales.

Desde el Homo Naledi hasta la actualidad nuestra civilización coincide en la necesidad de progresar, aunque desde distintas visiones y perspectivas. Algunas más primitivas como las de Donald Trump, ISIS o Bernard Madoff y otras más avanzadas como Muhammad Yunus, Stephan Schmidheiny, Richard Branson, Dalai Lama, Stephen Hawking, Bill Gates o Steven Spielberg

Lo que es cierto es que la creación de valor, la innovación y la conciencia de nuestro entorno social y ambiental será la mayor garantía de sobrevivencia de nuestra especie.

De hecho, el reconocido científico Stephen Hawking ha planteado que nuestro planeta es un mundo viejo, amenazado por el creciente número de habitantes y la limitación de sus recursos.  Desde su punto de vista nuestra única posibilidad de supervivencia a largo plazo es conquistar otros planetas como nuevos hogares.

Lo que estamos viendo en Siria, la guerras en el medio oriente, los desastres naturales, la corrupción y la pobreza creciente, la autocracia en algunos países, la contaminación y el impacto ambiental sobre nuestro planeta, son tan sólo señales de lo que podemos vivir en los próximos años si no hacemos una corrección.

Pareciera que podemos esperar poco de nuestros gobiernos, lentos en su ejecución y sus decisiones, excesivamente discretos y diplomáticos frente a las tragedias del mundo, con intereses personales y tribales que están en un plano superior al interés colectivo.

Por su parte, la sociedad civil desarticulada, sin estructuras claras para sostener sus planteamientos pero con ganas de luchar y alzar su voz.

Así las cosas, me atrevo a afirmar que la mayor responsabilidad recae en el sector privado, aquel dispuesto a innovar y crear valor verdadero, a generar riqueza y progreso con bienestar social y un firme compromiso con su entorno y el medio ambiente. Necesitamos empresarios que comprendan que el futuro los observa y que tienen una llave de poder fundamental para lograr nada más y nada menos que nuestra supervivencia.

Mi interés no es ser pesimista, por el contrario, soy optimista porque como dice el título de este artículo, estamos diseñados para crear valor, pero sin duda alguna; estamos en una era de inflexión para nuestra civilización.

El reto es hacer el ajuste, de lo contrario y a diferencia del Homo Naledi, las expediciones del futuro que vendrán de otros planetas no encontrarán nuestros restos en una cueva, sino dispersos a lo largo y ancho del planeta, seguramente con un Iphone 20 en nuestras manos.

Gustavo Manrique Salas

Consultor en Comunicación estratégica