Entre lo efímero y lo instantáneo

Vivimos en un tiempo en que lo efímero y lo instantáneo parece ser la norma, sin más ni menos, la cultura del tiempo real y de logros inmediatos.

El mundo empresarial enfrenta grandes retos para mantenerse vigente, la comunicación va a una velocidad tan acelerada que se pierden de vista los aspectos fundamentales que sustentan la actividad de las empresas y sus marcas, para ser sustituidos por la fugacidad de contenidos sin arraigo.

Internet  ha sido el disparador de esta nueva cultura de comunicación, la cual no es ni buena ni mala, simplemente es lo que es y parece dominar la escena de la opinión pública. Revisando este fenómeno de lo efímero y lo instantáneo me topé con algunas referencias que estimo útil compartir con usted, apreciado lector, para que llegue a sus propias conclusiones.

Umberto Eco, un reconocido escritor y filósofo italiano experto en semiótica, sostiene que vivimos en una era donde prevalece el ver sobre el entender.

Gilles Lipovetsky, autor del libro El Imperio de lo Efímero plantea que la comunicación de masas ha establecido un presente sucesivo donde los acontecimientos se sustituyen con celeridad y sin secuencia. Todo parece provisional, expuesto a la nueva oleada.

Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura plantea en su libro La Civilización del Espectáculo, que los espectadores no tienen memoria. Viven prendidos a la novedad, no importa cuál sea con tal de que sea nueva. Olvidan pronto y pasan sin pestañear de las escenas de muerte y destrucción de la guerra a las curvas, contorsiones y trémulos de Madonna.
Pues sí, parece que vivimos en la era de lo efímero e instantáneo, rápidamente se nos olvidan acontecimientos como la tragedia del avión de Germanwings, la desaparición de los jóvenes de la Escuela Normal de Ayotzinapa, el asesinato en Kenya de 147 estudiantes católicos, por sólo citar algunos acontecimientos dramáticos recientes cuyos efectos desaparecen como una imagen de Snapchat.
Y hablando de Snapchat, la cultura de lo efímero está presente en Facebook, Twitter e Instagram, aunque estas redes sociales dan al menos la oportunidad de mantener una bitácora de contenidos. Aplicaciones como Bolt o Snapchat centran su oferta en el concepto de fugacidad.

 

Nilo Casares, un crítico de arte lo plantea de forma muy clara: El arte en Internet es algo muy fugaz, muy pasajero, que muere casi al mismo tiempo que nace. Esto aplica para casi todos los contenidos que se están generando. Los contenidos en internet se parecen al arte efímero, como el que se desarrolló recientemente en la Costa Canaria en el marco del concurso Nacional de Arte Callejero en Tiza. Parte del encanto de las pinturas que se desarrollan sobre la peatonal del balneario es que tienen muy corta vida y, como en la famosa película de Walt Disney «Mary Poppins», los diseños en tiza sobre la calle deben vivir hasta la siguiente lluvia y desaparecer.
La pertinencia de esta reflexión refiere al rol de la comunicación estratégica en tiempos como éstos.  La batalla por los seguidores, retweets y los likes parecen ser la meta final, la vorágine de contenidos desarrollados como arte con humo, poco diferenciados, sin vocación de permanencia y relevancia parece ser la constante. ¿Será que estamos cayendo en la trampa de lo efímero e instantáneo o podemos hacer algo más para lograr que las empresas y sus marcas creen vínculos más sólidos?
Piense en cualquier marca y trate de recordar lo último que escuchó de ella, seguramente no tiene una respuesta en su memoria, porque hace rato ese mensaje se esfumó.

 

Gustavo Manrique Salas

Consultor en comunicación estratégica